sábado 14 de enero de 2012

Los Meltrozo: La familia que ignoraba hablar con doble sentido.

Atención: El siguiente posteo es uno de los más chantas que hayan salido de la esponja que tengo por cerebro. Mucho peor que éste.

Avisamos a los pocos admiradores de éste espacio.

Hoy: Los Meltrozo van a la playa.

-¿Me pasás la pantalla solar?
-¿Te la tiro?
-Tirámela, por favor. Y después echame la crema. Estoy al rojo.
-¿Tan caliente estás?
-Sí, me arde. En cualquier momento me la empiezo a pelar. Yo no sé como hacen para aguantar los vendedores que andan por acá todo el día.
-¿Viste la mercancía que llevan esos negros?
-¡Si! ¡Y llevan todos lo mismo! No sé de donde lo sacan.
-Deben cargar como treinta quilos cada uno. Yo creo que cualquier mujer se vuelve loca con todo eso.
-¿No es un poco mucho?
-Nunca es mucho. Mejor que sobre y no que falte.
-Tenés razón. Che, qué linda playa. Hay de todo. ¡Qué pedazo de médanos! Encima tienen una forma tan suave... No sé como la naturaleza...
-Y, el viento...
-¿El viento? Nah. Esos son artificiales. El viento los desgasta con el paso del tiempo.
-Como sea, son lindos igual.
-Lástima esos arbustos que se ven ahí al borde...
-¿Qué tienen de malo?
-Es un asco... ¡Deben estar llenos de bichos!
-"¡Hay churros bolita', churros!"
-Ja, ja. Mirá. Venden modelos bolivianas.
-¿Eh?
-Dijo "hay churros bolita".
-¿Y...?
-...
-No es gracioso.
-Pero...
-Nunca me gustó el doble sentido, Débora...

Bueno, hice lo que pude. Chau.

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