No existe. Es una bella palabra que nos hemos inventado. Hermosa palabra. Hermosa idea. Como Papá Noel. Como la democracia.
"Nah, pero yo soy solteeero, y..." ¡Pelotudo! ¡No! ¡No sos libre por tener la capacidad de cogerte a quien... puedas! ¡Vas a depender constantemente de tu propia idea de soltería ideal, perseguido por tu propio orgullo pseudo seductor y por los requerimientos sociales que pesan sobre alguien en tu situación!
"¡Pero yo soy alguien pensante, no como todos estos imbéciles que...!"
Las pelotas. ¡Las pe-lo-tas! ¿Pensante? ¡Peor todavía! ¡Sos esclavo de tu propio conocimiento! ¡Nada mejor que la ignorancia para creer al menos en todas las mentiras que nos ayudan a vivir! ¿Que así vas a vivir menos dependiente de los dueños del mundo...? ¡Jah! ¡Jah! ¡Jajajajajajaajajaja! Te vas a acercar un poco. Vas a ser conciente. Pero no.
No. Nadie es libre. Nadie será libre jamás. Un cordón umbilical representa apenas el primer paso. Ni siquiera un ermitaño es libre. Ni siquiera Dios, si existiera, sería libre. El aire, el alimento. La idea es muy básica, pero así comienza todo.
Nadie.
Nadie.
El universo está conformado por relaciones interdependientes.
La única libertad absoluta es la no existencia. La muerte. El no-natismo.
Nadie es libre, ni va a serlo.
Nunca.
Jamás.
Vivan con eso.
Desatentamente: Elías Alejandro Fernández
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